Cuando era chica me encantaban los autos; los amaba y soñaba con tener uno que siempre veía cuando pasaba por la esquina de mi colegio con mi mamá.
Un día que pasamos por ahí vimos un letrero que decía "se vende", y le rogué a mi madre que lo comprara, pero ella se rió y no me prestó atención. Lo que no me esperaba es que sí me había escuchado, y cuando menos me lo esperaba, me fue a buscar en él al colegio. Sí, lo había comprado; y desde ese día que siempre salía en auto a todas partes.
Pero fue el último día de clases en el que estaba esperando a mi mamá , cuando de pronto veo a la gente correr hacia la esquina y yo no entendía por qué; pero ahí seguía yo esperándola a que llegara. Pasaban y pasaban los minutos y aun no me iba a buscar, así que de curiosa fui a ver por qué había tanta gente amontonada en la esquina, pero fue recién cuando llegué que me congelé; estaba mi auto ahí, atravesando la casa en la que lo habíamos comprado; y al lado un manto negro que cubría un bulto con un charco de sangre al lado. Corrí a ver lo que parecía evidente; y sí, era mi madre la que estaba debajo de ese manto; cuando de repente escucho: "pequeña, ¿segura que quieres ese auto?"; estaba soñando - una pesadilla despierta -; y respondí: "no mamá, mejor vamos por un helado"
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